martes, 16 de junio de 2009

Comentario a ACORDES Y DESACUERDOS





Ficha Técnica.
1. Título Original:
Sweet And Lowdown 2.Director: Woody Allen 3.Guionista: Woody Allen. 4.Protagonistas: Sean Penn, Samantha Morton, Uma Thurman 5. Año realización: 1999.



YO Y MI OMBLIGO



Nadie tiene recuerdos de cuando estaba en la camilla del hospital, recién nacido. Pero si hubiese alguien que nos pudiera contar sus vivencias, seguro que lo más que se acordaría sería de eso de ser el centro de atención total. Ser por un mes o dos, aparentemente el acontecimiento más importante de la constelación. A medida que se va creciendo, no queda otra que domar el ombligo y entender que la dicha de esos lejanos tiempos, ya quedó sepultada. Pero a veces pasa que…
Emet Ray es de un egocentrismo brutal. No es mala persona, pero sencillamente, su interpretación del mundo no es capaz de abarcar algo más allá que la guitarra que toca cada noche. 
Sin embargo, a pesar de la forma en que su afición por el instrumento instala a las relaciones humanas en un lugar de menor relevancia, no por eso deja de necesitar a los demás; toca en clubs repletos. Espera a tocar la última cuerda, el último acorde y entonces: aplausos, gritos, lágrimas. 

Pero ¿Es sencillamente un vulgar acto para engrandecer su ombligo? ¿El único objetivo entonces es reafirmar las espectaculares opiniones que él tiene de si mismo?
A Emet también lo vemos tocando en su habitación, solo, lejos del bullicio de los aplausos y de la gente. Lejos de egos y rivalidades; solamente él y su guitarra. Pero en esos momentos, falta algo; el aspecto de realidad. Viene a la cabeza el archiconocido lugar común de que un libro se revive cuando se lee, del mismo modo que para, por ejemplo, la Literatura Universal, tener o no tener cuentos guardados en uno de los cajones, es algo intrascendente. Lo que pareciera importar es la exposición, el contacto con los demás y las emociones que se generan a partir de ahí.
Su narcisismo es el alimento de todos los demás. La gente necesita tener contacto con esa emoción que él les entrega; necesitan tener contacto con eso que está adentro de cada uno de ellos. Y para eso, se sientan y escuchan.
Esa curiosa retroalimentación es la personificación de la novela rosa de siglos y siglos entre Artista/Público. Se detestan discretamente, pero ninguno puede vivir sin el otro.
Pero ¿Que pasaría si fuera malo? ¿Qué pasaría si tocara pésimo y ostentara la misma caricaturesca seguridad? No hay que ser muy inteligente para predecir que la repuesta de la gente sería un poco distinta. Y bien; eso, eso justamente es lo que aterra. Alguien podría decir pensar que tener esa postura fanfarrona y segura con ese talento enorme, no tiene demasiado mérito. Puede ser. Pero hasta a para él tuvo que existir una presentación que fuera la primera de todas. Una presentación en la que no supiera realmente si las ideas que él tenía de sí mismo iban a ser compartidas por los demás o no. Y claro; hasta para alguien tan prodigio como Emet, el temor al fracaso es constante; todo el tiempo tiene el fantasma de un guitarrista inspirado claramente en el fabuloso Djiango Reinhart. Una admiración que lo inmoviliza y lo hace sentir dolorosamente insignificante y cuando la posibilidad cercana a que el fantasma presencie su espectáculo, se bloquea penósamente y queda en vergüenza, tal como cuando a uno le gustaba una niña en el colegio. ( Y ojo: La primera vez que Charlie Parker se subió a un escenario a improvisar, el baterista le tiró un platillo para que se fuera, ya que al parecer estaba dando, como suele decirse, jugo) 

   No pretendo pasar por alto la cantidad de actos poco nobles que comete Emet a lo largo de la película. Tampoco pretendo postular que para ser un artista de verdad es necesario ser un cabrón mala sangre que utiliza hasta su madre.
Cada uno hace lo que estima conveniente. Pero me atrevería no más a insinuar, que ese cliché del artista que solo es capaz de poner atención a lo que quiere lograr, haciendo caso omiso a todo el resto del mundo, es una forma un tanto errada de entender el asunto. Por una razón muy simple: no toca la guitarra para los árboles de la plaza, no dirige películas para el cemento de la calle. Lo hace para otras personas. Y justamente, al desentenderse a ese punto de la relación de los demás, de alguna forma también provoca que se desvíe del objetivo central: comunicar. Expresar. A los demás.
De esta forma se cierra el ciclo del ombligo parlante.


Por: Juan J. Jordán.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

emet es adorablemente-detestable, logra ser tan frontalmente ególatra que resulta encantar y hacer reír con su desfachatez… incluso cuando -desde mi butaca atemporal- pensé en una romántica posibilidad...en su arranque rabioso de frustración y arrepentimiento por la mujer que perdió, me mostrara que podía pensar en alguien más que en si mismo , caí en cuenta (horas más tarde)que su sufrimiento se relacionaba mucho más con perder a la mujer que lo admiraba incondicionalmente ,la que lo hacía sentir el más importante , quien finalmente alimentaba su propio ego.
”Dime de qué alardeas y te diré de qué escaseas “… musicalmente aquí no corre al parecer.

Gran película!
Arriéndela sr espectador..
::PS

Juan J. Jordán dijo...

Muchas gracias x el comentario señor(a) anónimo y me alegro que la haya disfrutado!


Saludos,
DN. JUAN.

Anónimo dijo...

Este comentario de emet lo encontré lúcido, super bueno. esperando con impaciencia el próximo!

Juan J. Jordán dijo...

¡Muchas gracias anónimo(a) desconocido! Descuida, que ya llega otro comentario y esta vez, película de otro continente.

Salute!
JUAN.