LA SABIA FORMA DE MANEJAR LOS ELEMENTOS
FICHA TÉCNICA
1. Año Realización: 1977.
2. Guión y Dirección: Ettore Scola
3. Protagonistas: Sofia Loren, Marcello Mastroiani.
Por las ventanas abiertas las mujeres sacuden el mantel con las migas del desayuno, al tiempo que cuelgan manteles rojos. Después de un momento, todo Roma está plagada de una seria de suásticas que se mueven tiernamente por el viento. De inmediato suponemos que algo pasa; y en efecto, la población se prepara para recibir a un ilustre invitado; Don Adolfo H, Adolfito para su mamá. Desde muy temprano, un considerable número de personas se ha agrupado en la estación de trenes para ver decender de los vagones al gran, al incomparable. Sin embargo, Scola no narró este hecho deteniéndose en los pormenores del desfile, con planos cerrados para poder ver bien de cerca las caras de los soldados, de los tanques, de las estatuas de águilas, dando cuenta de esta forma de toda la grandilocuencia de los nazis, de toda la siútica grandilocuencia impostada de los nazis. Todo lo contrario: el foco de atención de la película está centrado en una mujer de clase media que se queda sola mientras toda su familia va al desfile; los despierta, les hace el desayuno y les hace chao con la mano cuando están abajo en la calle. Feliz de la vida los hubiese acompañado, no hay nada en su adhesión al partido que permita replicas. Tiene un álbum hecho por ella, en donde se encuentra esta memorable sentencia: “Un hombre no es hombre si no es esposo, padre y soldado”. Por lo que no es falta de compromiso o una desatinada rebelión lo que la motiva quedarse en casa; alguien tiene que ordenar todo el desastre en que se ha convertido la cocina después del desayuno.
Producto de un inesperado accidente, Rosamunda, el pájaro de la casa, se escapa mientras lava los platos. Desesperada lo llama, pero ha volado hasta el block de enfrente. Se da cuenta que hay alguien, grita, pero no hay caso; el tipo está muy concentrado. De manera que cruza, toca la puerta y, avergonzada, le pide que por favor le deje sacar desde ahí al pájaro. Una vez que ya lo tiene en su poder, vuelve a su departamento. Y después de un momento, el mismo tipo toca la puerta de nuestra ama de casa, bajo alguna excusa sin importancia.
El contraste que genera la relación de estos dos personajes con lo que ocurre afuera en la calle llama la atención; se trata de la manifestación de un movimiento que busca someter a la población a una serie de reglas, duras como el hierro, en donde no hay posibilidad para nada que no sea una admiración férrea y abominable. Por lo mismo, no resulta muy extraño que la admiración de la mujer, sea testimonio de algo totalmente superficial; sólo forma. Y es que claro, en una doctrina que se rige en ideas de una intransigencia tal, es muy importante que sus practicantes exhiban su convencimiento con la pretensión absurda, de que la forma se convierta en contenido.
Ellos dos son personas excluidas, parias del movimiento; un locutor de radio expulsado de su trabajo por sus preferencias sexuales, y una mujer, cuya función se limita a ordenar la casa y permitir que su esposo la siga embarazando. Lo que se traduce en el peor ataque posible que pueda haber sufrido el difunto mandatario alemán: una película que en vez de narrar toda la pomposidad y grandilocuencia generada a raíz de su visita a otro país, se centre en seres absolutamente secundarios, uno de ellos con puesto de honor en la cámara de gas. La cotidianidad con que se desarrolla la historia, pareciera ser el modo preciso para desarticular la impostación nacionalsocialista; es una obra de clara oposición al movimiento, pero en toda la película no vemos a ningún soldado, no vemos ninguna mano alzándose rígida como flecha al frente. A los únicos que vemos, son a los integrantes de la familia mientras se levantan y toman desayuno. Pero se trata de un momento íntimo y familiar, que en nada tiene que ver con el lugar común del nazi malo come judíos. El ataque consiste justamente en esa indiferencia, en esa preferencia por narrar lo que sucede en un departamento cualquiera.
Sin temerle a la simpleza narrativa, Scola estructura una historia que no necesita ponerse zancadillas a si misma. Con una naturalidad tal que pareciera que el guión respirara, la historia se desarrolla sin la existencia de extraños recovecos. Y eso es posible por que no existe ningún ánimo jactancioso, ni de pretender algo más allá de lo que se es. Una clase magistral acerca del correcto uso de la forma. Todo debe estar en función de la historia; que sea pretendidamente hermética, no garantizará en ningún caso su calidad.
Por: Juan José Jordán
