miércoles, 3 de junio de 2009

Comentario a UN DÍA MUY PARTICULAR






















LA SABIA FORMA DE MANEJAR LOS ELEMENTOS



FICHA TÉCNICA

1. Año Realización: 1977.
2. Guión y Dirección: Ettore Scola
3. Protagonistas: Sofia Loren, Marcello Mastroiani.



Por las ventanas abiertas las mujeres sacuden el mantel con las migas del desayuno, al tiempo que cuelgan manteles rojos. Después de un momento, todo Roma está plagada de una seria de suásticas que se mueven tiernamente por el viento. De inmediato suponemos que algo pasa; y en efecto, la población se prepara para recibir a un ilustre invitado; Don Adolfo H, Adolfito para su mamá. Desde muy temprano, un considerable número de personas se ha agrupado en la estación de trenes para ver decender de los vagones al gran, al incomparable. Sin embargo, Scola no narró este hecho deteniéndose en los pormenores del desfile, con planos cerrados para poder ver bien de cerca las caras de los soldados, de los tanques, de las estatuas de águilas, dando cuenta de esta forma de toda la grandilocuencia de los nazis, de toda la siútica grandilocuencia impostada de los nazis. Todo lo contrario: el foco de atención de la película está centrado en una mujer de clase media que se queda sola mientras toda su familia va al desfile; los despierta, les hace el desayuno y les hace chao con la mano cuando están abajo en la calle. Feliz de la vida los hubiese acompañado, no hay nada en su adhesión al partido que permita replicas. Tiene un álbum hecho por ella, en donde se encuentra esta memorable sentencia: “Un hombre no es hombre si no es esposo, padre y soldado”. Por lo que no es falta de compromiso o una desatinada rebelión lo que la motiva quedarse en casa; alguien tiene que ordenar todo el desastre en que se ha convertido la cocina después del desayuno.
Producto de un inesperado accidente, Rosamunda, el pájaro de la casa, se escapa mientras lava los platos. Desesperada lo llama, pero ha volado hasta el block de enfrente. Se da cuenta que hay alguien, grita, pero no hay caso; el tipo está muy concentrado. De manera que cruza, toca la puerta y, avergonzada, le pide que por favor le deje sacar desde ahí al pájaro. Una vez que ya lo tiene en su poder, vuelve a su departamento. Y después de un momento, el mismo tipo toca la puerta de nuestra ama de casa, bajo alguna excusa sin importancia.
El contraste que genera la relación de estos dos personajes con lo que ocurre afuera en la calle llama la atención; se trata de la manifestación de un movimiento que busca someter a la población a una serie de reglas, duras como el hierro, en donde no hay posibilidad para nada que no sea una admiración férrea y abominable. Por lo mismo, no resulta muy extraño que la admiración de la mujer, sea testimonio de algo totalmente superficial; sólo forma. Y es que claro, en una doctrina que se rige en ideas de una intransigencia tal, es muy importante que sus practicantes exhiban su convencimiento con la pretensión absurda, de que la forma se convierta en contenido.
Ellos dos son personas excluidas, parias del movimiento; un locutor de radio expulsado de su trabajo por sus preferencias sexuales, y una mujer, cuya función se limita a ordenar la casa y permitir que su esposo la siga embarazando. Lo que se traduce en el peor ataque posible que pueda haber sufrido el difunto mandatario alemán: una película que en vez de narrar toda la pomposidad y grandilocuencia generada a raíz de su visita a otro país, se centre en seres absolutamente secundarios, uno de ellos con puesto de honor en la cámara de gas. La cotidianidad con que se desarrolla la historia, pareciera ser el modo preciso para desarticular la impostación nacionalsocialista; es una obra de clara oposición al movimiento, pero en toda la película no vemos a ningún soldado, no vemos ninguna mano alzándose rígida como flecha al frente. A los únicos que vemos, son a los integrantes de la familia mientras se levantan y toman desayuno. Pero se trata de un momento íntimo y familiar, que en nada tiene que ver con el lugar común del nazi malo come judíos. El ataque consiste justamente en esa indiferencia, en esa preferencia por narrar lo que sucede en un departamento cualquiera.
Sin temerle a la simpleza narrativa, Scola estructura una historia que no necesita ponerse zancadillas a si misma. Con una naturalidad tal que pareciera que el guión respirara, la historia se desarrolla sin la existencia de extraños recovecos. Y eso es posible por que no existe ningún ánimo jactancioso, ni de pretender algo más allá de lo que se es. Una clase magistral acerca del correcto uso de la forma. Todo debe estar en función de la historia; que sea pretendidamente hermética, no garantizará en ningún caso su calidad.


Por: Juan José Jordán

lunes, 1 de junio de 2009

Comentario a BOOGIE NIGHTS


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ALEJADOS DEL CLICHÉ

FICHA TÉCNICA
  1. Año de realización: 1997.
  2. Guión y Dirección: Paul Thomas Anderson.
  3. Protagonistas: Marc Walberg, Burt Reynolds, Julianne Moore.


El joven Eddie Adams sabe lo que quiere. Se hace el que no, se hace el inocentón, pero en realidad sabe perfectamente cual es su objetivo. Sabe también que lo que se oculta bajo sus pantalones puede ser una buena ayuda. Es por eso que cuando uno de los mandamases de la industria pornográfica, Jack Horner, se acerca para decirle que ha oído que entre sus piernas se oculta algo especial que no puede ser desperdiciado adentro de sus ropa interior, Adams no muestra ningún empacho en reconocer que cobra cinco dólares por exhibir su colosal herramienta, y diez, por masturbarse ante los excitados ojos del cliente. Entonces el tipo se desenmascara y deja al descubierto sus reales intenciones; le indica que siempre está sentado en una de las mesas grandes, que vaya a darse una vuelta. Pero Adams ha amasado demasiado este momento, no puede mostrase tan ansioso: apunta que no les es tan fácil dejar el sueldo seguro de su trabajo en el bar. Luego de haberse puesto en acción ante el filosófico Horner, que lo contempla follar con una despampanante rubia como si estuviese siendo testigo de una revelación trascendental, su ingreso en el mundo del porno se convierte en un vertiginoso asenso, impactando enormemente por su impresionante vigor y la dimensión homérica de su artefacto. Al poco tiempo de estar atrás de las cámaras, muda su pueblerino nombre a uno mucho más sugerente y provocador: Dick Digler; dos palabras que resonarán en casi todos las premiaciones de cine para adulto en la categoría mejor actor.
Sin embargo, la película no se centra de forma exclusiva en lo que le va sucediendo a este joven en este mundo del que es todavía amateur. La obra habla de la realidad de la industria pornográfica en Estados Unidos, en la década de los setenta a los ochenta. La pornografía es un terreno pantanoso, víctima de una serie de prejuicios. De ahí que la tentación de hacer uso y abuso del cliché sea tan atractiva: es un modo seguro de que el espectador se quede conforme y vea lo que espera ver.
Sin embargo, lo que se propone – y en cierta medida, logra- la película de Anderson, es justamente lo opuesto: acercarse a una realidad víctima de una plaga de ideas preconcebidas, sin por ello quedarse ahí. El espectador ve a estos tipos desenvolverse en su vida cotidiana, y después de un momento, la forma en que se ganan la vida pasa a ser solamente eso; un trabajo. Después de cortar, cada uno de ellos prosigue con su vida habitual. Y no es algo tan espantoso, no son vidas tan paupérrimas, como las ideas que el espectador pueda tener al respecto. Hay personajes que si, que efectivamente llevan vidas miserables: drogadictas y con hijos abandonados. Pero aun en esos casos, la persona no es sólo eso. El personaje de Jack Horner es una verdadera cátedra en este sentido: totalmente alejado de la imagen que se puede tener del cabrón de prostitución; no es malo ni tramposo. No le pega ni intenta explotar a sus actrices. Todo lo contrario; alguien acogedor que se transforma en una especie de padre para todos los miembros del rodaje.
Este notable contraste entre lo que aparece en pantalla y lo que el espectador ya sabe o cree saber de antemano, es signo inequívoco de alguien que maneja los lugares comunes y estructura su creación a partir de ahí, logrando darle una vuelta de tuerca a esas ideas impregnadas con neoprén a la mente de cada uno.
Por: Juan José Jordán.