lunes, 1 de junio de 2009

Comentario a BOOGIE NIGHTS


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ALEJADOS DEL CLICHÉ

FICHA TÉCNICA
  1. Año de realización: 1997.
  2. Guión y Dirección: Paul Thomas Anderson.
  3. Protagonistas: Marc Walberg, Burt Reynolds, Julianne Moore.


El joven Eddie Adams sabe lo que quiere. Se hace el que no, se hace el inocentón, pero en realidad sabe perfectamente cual es su objetivo. Sabe también que lo que se oculta bajo sus pantalones puede ser una buena ayuda. Es por eso que cuando uno de los mandamases de la industria pornográfica, Jack Horner, se acerca para decirle que ha oído que entre sus piernas se oculta algo especial que no puede ser desperdiciado adentro de sus ropa interior, Adams no muestra ningún empacho en reconocer que cobra cinco dólares por exhibir su colosal herramienta, y diez, por masturbarse ante los excitados ojos del cliente. Entonces el tipo se desenmascara y deja al descubierto sus reales intenciones; le indica que siempre está sentado en una de las mesas grandes, que vaya a darse una vuelta. Pero Adams ha amasado demasiado este momento, no puede mostrase tan ansioso: apunta que no les es tan fácil dejar el sueldo seguro de su trabajo en el bar. Luego de haberse puesto en acción ante el filosófico Horner, que lo contempla follar con una despampanante rubia como si estuviese siendo testigo de una revelación trascendental, su ingreso en el mundo del porno se convierte en un vertiginoso asenso, impactando enormemente por su impresionante vigor y la dimensión homérica de su artefacto. Al poco tiempo de estar atrás de las cámaras, muda su pueblerino nombre a uno mucho más sugerente y provocador: Dick Digler; dos palabras que resonarán en casi todos las premiaciones de cine para adulto en la categoría mejor actor.
Sin embargo, la película no se centra de forma exclusiva en lo que le va sucediendo a este joven en este mundo del que es todavía amateur. La obra habla de la realidad de la industria pornográfica en Estados Unidos, en la década de los setenta a los ochenta. La pornografía es un terreno pantanoso, víctima de una serie de prejuicios. De ahí que la tentación de hacer uso y abuso del cliché sea tan atractiva: es un modo seguro de que el espectador se quede conforme y vea lo que espera ver.
Sin embargo, lo que se propone – y en cierta medida, logra- la película de Anderson, es justamente lo opuesto: acercarse a una realidad víctima de una plaga de ideas preconcebidas, sin por ello quedarse ahí. El espectador ve a estos tipos desenvolverse en su vida cotidiana, y después de un momento, la forma en que se ganan la vida pasa a ser solamente eso; un trabajo. Después de cortar, cada uno de ellos prosigue con su vida habitual. Y no es algo tan espantoso, no son vidas tan paupérrimas, como las ideas que el espectador pueda tener al respecto. Hay personajes que si, que efectivamente llevan vidas miserables: drogadictas y con hijos abandonados. Pero aun en esos casos, la persona no es sólo eso. El personaje de Jack Horner es una verdadera cátedra en este sentido: totalmente alejado de la imagen que se puede tener del cabrón de prostitución; no es malo ni tramposo. No le pega ni intenta explotar a sus actrices. Todo lo contrario; alguien acogedor que se transforma en una especie de padre para todos los miembros del rodaje.
Este notable contraste entre lo que aparece en pantalla y lo que el espectador ya sabe o cree saber de antemano, es signo inequívoco de alguien que maneja los lugares comunes y estructura su creación a partir de ahí, logrando darle una vuelta de tuerca a esas ideas impregnadas con neoprén a la mente de cada uno.
Por: Juan José Jordán.

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